12 de febrero de 2009

Desde el espíritu interior y las Mil Calles de Fez

En realidad son más. Solo en la medina (que en árabe significa ciudad) de Fez, las cifras varían entre 900 y mil quinientas. ¡Nosotros recorrimos unas 300 calles en tres días! Fez también es conocida como la “capital espiritual’ de Marruecos. Otra capital en ese reino de capitales. Pero esta aun mantiene el prestigio de albergar a la más rancia aristocracia del país. Y aunque el rey y su familia no pertenezcan a esa aristocracia, muchas de las familias poderosas ligadas al régimen vienen de Fez. También dicen que viven las familias más poderosas y ricas de Marruecos. Y con razón. La ciudad esta situada en la región agrícola más productiva: trigo y otros cereales, vino y que se yo…Todos productos foráneos, introducidos por los franceses. Si hay un lugar social en el mundo, o por lo menos en el mundo conocido digno de ser visitado y tenido en cuenta, ese es Fez. Estambul tiene su mezquita azul, el Topkapi o la Catedral de Santa Sofía; Cairo tiene las pirámides. Bueno, Fez tiene su medina y las calles que se encuentran ahí… Entrando uno se topa con una ciudad moderna, un centro financiero importante, con hoteles de lujo, ¡de mucho lujo! Ahí están todas las cadenas, los Hilton, los Sheraton y todo lo demás. Pero a medida que se avanza hacia el centro, el panorama comienza a cambiar. Es como recorrer una cebolla desde la superficie al interior. Y a medida que se pasa de una capa a otra mas profunda, uno comienza a encontrar historia y mas historia, hasta que se llega a un punto donde el carro ya no puede avanzar mas. De ahí en adelante, el recorrido hay que hacerlo a pie o en burro, para ser mas preciso en “taxi-burro”. Eso fue, por lo demás, lo que tuvimos que hacer para llegar a nuestro hotel, más bien dicho nuestro “Ryad”. Llegamos a un punto donde el carro ya no pudo entrar por la estrechez de la calle. Y de ahí, todo caminar unas dos cuadras arrastrando maletas, hasta llegar a una pequeña puerta de madera finamente labrada. Tocamos y nos abrieron. Entramos por un pasillo estrecho hasta que llegamos al espacio interior, donde no solo dejamos caer nuestras maletas sino también la mandíbulas. Nos encontramos con un enorme espacio interior, de unos 7 metros de alto, con una fuente en el centro, que funcionaba, puertas de 7 metros de alto, y que se abrían hacia otro espacio interior, todo finamente decorado con azulejos y arabescos en bajo relieve que cubrían la totalidad de las paredes. Ryad, es el nombre que se les da a las casas de familias burguesas. “Alcazar”, es un palacio, “y “dar” es la casa común y corriente. Eso nos dijeron al día siguiente cuando nos explicaban los distintos tipos de habitaciones que se encuentran en la ciudad. En realidad más que una casa es todo un mundo interior, con su propia terraza donde, luego de subir los 4 pisos que tiene la casa, la gente divisaba la “medina” (o ciudad antigua) sin tener que salir de su propio hogar. Porque la vida en esas casas y en esas ciudades es toda hacia el interior. El ryad no tiene ventanas hacia el exterior. Todas las ventanas de las habitaciones (y de las doy hay muchas) dan hacia ese enorme espacio interior. Y como es imposible mantener esos enormes caserones, ahora se han transformado en lugares de hospedaje, nada barato, aunque luego descubriéramos que nada es barato...a menos que uno sea de ahí o ande con alguien de ahí. Muchas veces me dijeron que Fez era la capital espiritual de Marruecos, pero nunca me dijeron por qué. Con el tiempo comencé a darme cuenta que por espiritual no querían decir religiosa, sino que se referían, verdaderamente, al espíritu de ese lugar. Definitivamente ahí es donde esta depositada la cultura milenaria de ese país, viva y vive expresándose en el día a día de la medina. Eso lo pudimos vivir y comprender luego de haber vivido tres días caminando por las calles de la medina de Fez acompañados por Kamal, nuestro guía. Si, porque no se puede andar sin guía por las calles de la medina, por lo menos si se quiere poder salir de ahí en un tiempo razonable. En esos tres días Kamal nos hizo vivir el espíritu de Fez, caminando por sus calles desde la mañana hasta la noche. En efecto, son cientos de callecitas, angostas y tortuosas, que se cruzan en un laberinto aparentemente insondable. Pero que con los días, en este caso el breve tiempo que pasamos ahí, fuimos avizorando la lógica que las organiza. De hecho todas están organizadas por barrios; el de los carniceros (con sus secciones cordero, buey y camello); el de las verduras, el de las flores, las especies, el de los joyeros, el de las alfombras, las babuchas y zapatos, el del cuero, el cristal, el metal etc. Y así, es una particular callejuela están todos los vendedores de tal o cual cosa. A su vez, los “barrios” están agrupados por un cierto tipo de afinidad. De esta manera, carnes, frutas y verduras, artículos de cocina, cerámica (entre ellas las famosas tajines, usadas para preparar uno de los platos nacionales, la tajine) están próximos, en una zona de la medina. Los metales, cristales, alfombras y muebles, en otra zona. El cuero tiene su lugar especial que va desde el mercado o “Wall Street del cuero”, un lugar donde la gente llega con sus pieles y las grita y hace acuerdos de compra-venta con señales de las manos, hasta la enorme curtiembre que funciona desde hace siglos en las mismas piletas (al visitante le dan un ramo de hojas de menta para cubrirse la nariz por el olor), para finalmente terminar en las grandes tiendas donde le venden a uno de todo…y legítimamente de cuero y hecho ahí (y no en China, como comienza a ser la costumbre en todos lados). Todo en la medina esta reglamentado y organizado desde hace siglos. Como por esas cales estrechas no puede circular ni un solo vehiculo, todo el transporte se hace a lomo de burrito, caballos o mulas. Así los tubos de gas, las cajas de coca-cola o los televisores van de un lado a otro amontonado sobre estos animales quienes además tienen que respetar las señales de transito. Si porque las calles son de un solo sentido, habiendo muy pocas “avenidas” (de doble transito animal), y están claramente señalizadas con letreros con la figura de un burro y una flecha indicando el sentido de la vía. Y contrariamente a lo que sucede en nuestras ciudades, los letreros se respetan. Me toco presenciar el episodio de un contraventor que se metió en contra-sentido con su burro y toda la gente primero diciéndole que iba en contra vía, para luego pararlo y devolver al animal poniéndolo en el sentido correcto. Es que con la tradición no se juega, por lo menos ahí… Lo más fascinante de estar en ese lugar, es que en medio de ese aparente caos, donde después de todo reina un gran orden, uno se va topando con pedazos de la historia, en particular de una historia que a nosotros latinoamericanos, herederos de la colonización española, nos toca de muy cerca. No hay que olvidar que durante los 500 años que los “árabes” estuvieron en España, estos “árabes” eran en realidad los pobladores del reino de “el Andalou” que iba desde Marrakech hasta el sur de España, o sea los antepasados de estos marroquíes que se pasean por las calles de la medina de Fez, vendiendo las mismas cosas (cerámicas, bordados y otras artesanías) que ahora encontramos en America Latina, como resultado de la colonización española. Además de eso nos dejaron en el idioma más de 4,000 palabras hasta ahora detectadas, de origen árabe-marroquí. Ya conocemos almohada, aljibe y alcuza; pero que tal “caraz” (cereza), “sekia” (acequia), “funduk”(fonda), “lana”(oro), tan usada por nuestro lumpen local cuando te asaltan (dame la lana o te acuchillo!), “hartaba”(castañuela, que aquí son de metal) o “zefarad” que significa amarillo, pero que fue usada para denominar a los judíos de origen árabe-español que fueran expulsados por los tan cristianos reyes católicos de España en el siglo XV. Resulta que se los llamo así porque eran precisamente los judíos los que trabajaban con cobre y oro, metales amarillos o “zefarad”. Pero también están lugares tales como la universidad más antigua de esa parte del mundo, desde donde se difundió todo el conocimiento matemático y filosófico que alimento el renacimiento europeo; la casa de Maimonides, famoso filósofo, y científico de la edad media; y la “Clepsidra” que aun funciona en el barrio judío. Saben Uds. ¿Que es una clepsidra? Bueno, es un reloj de agua donde, por canales, se va distribuyendo el agua a pequeños recipientes que, cuando se llenan, vierten el agua a otro mas grande, tocando a la vez una campanita cada vez mas grande para señalar sonoramente los periodos de tiempo! Verla funcionar es absolutamente fascinante. Y todo eso existe en esa maraña de calles estrechas donde no existen grandes espacios abiertos, ni perspectivas, ni ventanas y donde la orientación de las calles esta hecha de tal manera que siempre corra por ahí una brisa fresca para que el caminante no se sofoque de calor. Además de las fuentes publicas que hay a cada rato para beber uno y los animales. Y todo funciona tal como ha estado funcionando desde hace siglos. Y si, no es que se hayan quedado atrás porque ahora en esas mismas calles hay “Cyber-cafés” y televisores y heladeras y toda la parafernalia que caracteriza a nuestro mundo moderno y tecnológico, a nuestra aldea global. Todo esta ahí, y todo funciona, sin inmutarse y sin alterarse por el paso del tiempo y sin quedarse atrás. ¿Será eso el “espíritu” del que se habla cuando se dice que Fez es la capital espiritual de Marruecos? Espero que si.

En Meknes: "Cada niño al que enseñamos, es un hombre al que ganamos"

Cuando salimos para Meknes, una de las capitales imperiales de Marruecos, nos dijeron que finalmente íbamos a conocer la verdadera esencia del país… La región donde esta el corazón de Marruecos. Pero no nos dieron ninguna otra explicación. Luego de viajar un par de horas por una estupenda autopista y una región que es el corazón agrícola del país, con enormes campos de trigo que ahora están condenados a morir gracias al tratado de libre comercio con la Unión Europea, de donde el trigo les llegará a precios muchos más baratos. Bueno, esta ciudad, desde el siglo XII, ha sido cuidadosamente preparada para ser una ciudad magnificente. Todo en la Medina de Meknes es monumental; palacios, mezquitas, jardines, incluyendo sus murallas y sus puertas, como Bab Manzur (puerta magnifica, o principal), que mide más de 10 metros de alto y considerada la más bella e imponente de este país, que podría también llamarse “el país de las puertas”, por la enorme cantidad y variedad de puertas imponentes que se encuentran en todas partes. Meknes, una de las antiguas capitales y la primera del reino de Marruecos como tal, es también la ciudad de las 100 mezquitas. Y es posible que haya muchas más. Desde la terraza del hotel donde nos alojamos, un hotel tradicional y antiquísimo pero muy bien conservado, se podían ver las siluetas de cientos de minaretes que se perdían en el horizonte de este paisaje urbano. Porque Meknes es una ciudad inmensa… Y riquísima, dicen. Pero quizás lo mas importante, es que también es la puerta para acceder a la región Berebere o Amagzir como les dicen ahora a este pueblo que vive en las montañas del Atlas del medio o “moyen atlas” en francés, que es donde iríamos a visitar escuelas. Una de las cosas que mas llama la atención en este país del “tercer mundo” es el orden en el transito (a pesar que ellos se quejen, como en todos lados), y la limpieza de las calles en las ciudades. Meknes no es una excepción. Y sin embargo ahí están los carros viejos y desvencijados y los burritos caminando por las calles, y la gente, pobres como las nuestras, cargando con sus destinos, como en cualquiera de nuestros países. Y claro, también están las grandes mansiones y la gente de mucho dinero y los centros comerciales y el lujo y la ostentación, como en nuestros países. Pero, además de eso están los cafés, esa síntesis entre la cultura árabe y la francesa, donde el café, además de tomarlo en casa se lo toma en todos lados, en terrazas, de día y de noche; ya que la vitalidad del día se extiende hasta altas horas de la noche debido al calor. Decididamente no es Sudan, ¿entonces que es? ¿Un país árabe, o esta occidentalizado? ¿Un país pobre o desarrollado? Solo tenía preguntas más que respuestas en ese momento. Y no fueron las informaciones que nos dieron en las reuniones oficiales sobre el estado de la educación en la región de Meknes-Tafilet (así se llama esta región), por parte de funcionarios del ministerio, lo que nos ayudó a entender mejor la situación. Todo se veía muy bonito, nos lo pintaban muy bonito…para ser verdad. Habría que ir al terreno a ver que encontrábamos realmente. Así que, luego de dos días viviendo en ese hermoso hotel, con música y bar abierto de noche, nos fuimos a las montañas del “Moyen Atlas” o Atlas del medio. Curiosamente, a medida que recorríamos los 100 kilómetros que nos llevarían a Azrou, la primera región donde visitaríamos escuelas, sentía que íbamos rápidamente retrocediendo en el tiempo a un ritmo de más o menos diez años por kilómetro recorrido. De eso me di cuenta en el momento que tuvimos que detenernos en la estrecha ruta, para dejar pasar a un viejito cruzando con su rebaño de ovejas. ¡Ni siquiera nos miro! Luego, ya a unos 1,500 metros de altura subiendo por las montañas del Atlas, el paisaje se volvió lunar… seco, con pasto cortito y de un relieve de colinas que se perseguían unas a otras hasta el horizonte. Realmente espectacular. Pero nada ni nadie más. Solo de tanto en tanto unas casitas de barro donde se asomaban niños y ovejas y algún anciano caminando con bastón en mano. No parecía haber adultos por ahí. Tal vez mujeres eran los bultos que se adivinaban al interior de estas, pero hombres no. Luego me dijeron que los hombres se han ido a la ciudad a trabajar o a emigrar hacia el norte, a Europa. Azrou, curiosamente, es una ciudad grandecita, de unos 50 mil habitantes, situada en medio de la nada. Es que Marruecos, a pesar de su tamaño tiene 30 millones de habitantes y una gran parte de su población se concentra en la mitad norte ya que el sur casi no tiene población. El que ahora es el sur, era el trecho que correspondía al Sahara Occidental, ex colonia Española, que fuera ocupado al momento de irse estos, en los años 70, luego de una breve pero cruenta guerra contra el movimiento POLISARIO, un movimiento pro islámico apoyado por Argelia. Desde ese entonces, o sea desde 1985, la frontera con Argelia permanece cerrada. Si, las relaciones con los argelinos son un poco tensas. Es que son dos regimenes muy distintos compartiendo una frontera común, a todo lo largo del país, y desértica a la vez. Esta ciudad tiene el aspecto de ser algo inventado: un lugar de casas de 4 pisos, hechas todas iguales, que dan la impresión que fueron construidas para hacer que la gente, dispersa en la región, se concentrara ahí. Nadie me confirmo esta impresión, pero una de las características de Marruecos es que nadie habla mal de su país delante de extranjeros. Todo aquí tiene que ser bello y perfecto. Seguimos el camino, esta vez, por un valle enmarcado por grandes bosques de pino, y 20 kilómetros después llegamos a Sidi Addi, otro pueblito en medio de la nada donde nos esperaba nuestra primera escuela… Como habíamos ido sin anuncio previo, tuvimos la suerte de ver el lugar tal cual es “al natural”, o sea, sin la banda de música que siempre te espera ni los estudiantes luciendo sus galas. Más bien pillamos a todo el mundo desprevenido, que es la manera en que me gusta hacer estas visitas. La “escuela” resultó ser un liceo de educación media, o sea desde el fin de la primaria hasta cuarto año de secundaria (o algo así), que agrupaba a muchachos y muchachas de la región; es decir, que tenían que venir al pueblo y encontrar donde quedarse para poder asistir a la escuela. Al llegar al lugar quede asombrado de ver una construcción tan linda y tan bien mantenida. Nada parecido se podría encontrar en una zona tan rural en nuestros países. El lugar era conservado con amor…Caminamos por el patio solitario ya que estaban en clases y llegamos a las oficinas de la dirección. Curiosamente lo que me asombro es que mientras caminábamos por ese pasillo sobre el cual daban las ventanas de salas de clase, contrariamente a lo que podría suceder en cualquier otro país del tercer mundo, ningún niño, nadie se dio vuelta para mirarnos pasar. Era como si no nos vieran o nos escucharan caminar en el silencio que reinaba en todo ese lugar. Al asomarnos a la oficina de la dirección, solamente una persona, el director nos recibió. Sin mucha sorpresa escucho las explicaciones de nuestro acompañante del ministerio regional y luego nos ofreció asiento. Silencio. Silencio primero, y luego, como acordándose que lo tenia que hacer, nos dio un breve discurso de bienvenida. Y luego, más silencio, posiblemente preguntándose que diablos veníamos a hacer ahí. En general, y en situaciones similares, vividas en muchos países, la reacción es la misma: te dan una calurosa bienvenida, te ofrecen cafecito (salvo en los Balcanes donde te ofrecen café con rakia, el aguardiente de ahí, aunque sean las 10 de la mañana), y luego te presentan el pliego de peticiones, que siempre tienen a mano: “Que nos falta esto o aquello, que quisiéramos tener esta otra cosa, que si nos podría ayudar a resolver tal o cual problema”. Y sin embargo aquí no fue así. El director solo nos pregunto si queríamos hablar con algunas otras personas y se quedo esperando a ver que queríamos de el. Me sentí raro, como si el director en realidad no nos estuviera viendo, como si no estuviésemos ahí… Solo nos mostró con orgullo el lema que estaba escrito en la pared al exterior de su oficina que decía: “Cada niño al que enseñamos es un hombre que ganamos.” Salimos de esa reunión, breve por cierto, y comenzamos a visitar el colegio: que el laboratorio de química, vacío, que la sala de física, nueva pero también vacía, que el laboratorio de informática donado por un programa especial del gobierno, con computadoras nuevas, pero sin nadie trabajando en ellas. Y durante todo ese recorrido nadie se asomo ni siquiera a averiguar quienes eran esos visitantes, evidentemente extranjeros. Era como si no estuviésemos ahí. Saliendo del colegio, sin grandes despedidas, como es lo que se acostumbra, me voy diciendo que tal vez sea así la personalidad de este pueblo, que después de todo es un pueblo de montaña, de vida dura. En la región, en los meses de invierno cae nieve, cerrando los caminos y aislando a esas poblaciones. Por eso los niños tienen que vivir cerca de la escuela o no podrán llegar a esta durante el invierno. Seguimos al próximo pueblito a conocer esta vez una escuela primaria. El pueblito, aun mas pequeño que el anterior, también con casa recién construidas, casi sin gente en las calles y una escuelita muy bien construida, con sus murallas exteriores preciosamente decoradas con pinturas y un jardín interior en el cual habían hecho una especie de jardín botánico representando las especies de flora y fauna locales. La flora, con plantas de verdad y la fauna con fotos o esculturas representando a leones, osos y otros animales que, según me dijeran, fueron el orgullo de la región pero que ya se habían extinguido…o casi. Aquí tampoco “nos vieron”, no existimos. Nadie nos recibió. Nadie salio de su sala de clases para ver que queríamos. Solo el portero, luego de buscarlo por un largo rato nos dijo que el director no estaba ahí y se fue, diciéndonos que fuéramos a visitar la biblioteca (¿?). Y fuimos: Ahí estaba el bibliotecario, que no se molesto en levantarse a ver que queríamos, y un estudiante que ni siquiera levanto la vista para vernos (aunque lo pille mas tarde mirándonos de reojo). Y sin embargo el lugar nos habló por si mismo, dándonos las razones por las cuales el portero nos había dicho de ir ahí. No solamente el lugar estaba nítido, ordenado, organizado, como pocas veces he visto una biblioteca escolar, sino que también estaba lleno de objetos hechos de…botellas plásticas recicladas. ¡Qué flores de plástico, ceniceros, lámparas de mesa y pequeñas esculturas, todas ellas hechas con el material de las botellas de gaseosas y de agua!, al decir del bibliotecario al ser interrogado. El fue el que salió con la idea de demostrar que con esos envases vacíos, más que tirarlos a la basura, se podían hacer bellos objetos, según nos dijo. Luego volvió a sus quehaceres. Sin embargo en el breve momento de esa explicación, pudimos ver el brillo en sus ojos, el entusiasmo por lo que había logrado hacer…Pero luego de ese breve momento de comunicación, volvimos a dejar de existir… Las visitas a otras escuelitas en la región fue lo mismo. Simplemente no existíamos. Era como si toda la región estuviera en otra dimensión. De regreso pasamos por Ifrane, una ciudad universitaria, también desierta, también fantasma, también limpia y ordenada, pero sin nadie en las calles. Era como la marca de identidad de la región. Luego nos enteramos que en efecto la región del los Amagzir o bereberes ha sido una región muy reprimida por los diferentes regimenes durante siglos, tratando de someter a ese bravo y orgulloso pueblo. Pero también pudimos entender el otro drama que se desarrolla en silencio dentro del sistema de educación: básicamente lo único que hace el ministerio ahí es construir escuelas y pagar sueldos de maestros. Nada más. El resto, que se las arreglen ellos. Con eso, el ministerio central cumple con la necesidad de mejorar las estadísticas sobre la educación, ya que el país ha sido duramente criticado, internacionalmente, por su poca dedicación a mejorar la educación en el país. Ahora con esos esfuerzos puede decir “orgullosamente” que le dedica 25% del presupuesto nacional a la educación. Y sin embargo, nada ha cambiado. Solo que la miseria se ha vestido con traje nuevo. Entonces ¿Por qué la gente de la región podría esperar algo de visitantes que vienen del exterior?

18 de noviembre de 2008

Rabat-Sale: dos ciudades, una monarquía

El aeropuerto de Rabat, la capital de Marruecos, es muy pequeñito aunque dicen que están construyendo uno más grande y moderno. Pero tampoco haría mucha razón de hacer algo así ya que, a media hora de autopista, esta el aeropuerto internacional de Casablanca, ese donde Humphrey Bogard hizo su escena famosa, filmada en Hollywood por supuesto, en un aeropuerto de cartón piedra. En todo caso, lo primero que te recibe es el Rey. Si, porque Marruecos no es una República, es un reino y aquí no hay ciudadanos sino que todos, según lo declara la Constitución de este país, son súbditos, salvo nosotros que somos turistas, o sea “el sueldo del país”, ya que el turismo es la primera fuente de ingresos por aquí. La otra es trabajar para el gobierno. Marruecos es país de 30 millones de habitantes, grande como el Uruguay (¿?), pero donde la ciudad más importante no es la capital. Rabat es una pequeña urbe adormilada frente al océano Atlántico, una de las muchas ciudades que este reino, o este reino de reinos, ha tenido a lo largo de su historia. Dicen que el nombre Rabat viene de la palabra francesa “rabattre” que significa juntar. La explicación es que en ese punto se juntaban las mulas para hacerlas cruzar el río e ir a la ciudad del frente: Sale. Porque Rabat no solo esta recostada sobre el océano atlántico sino que además tiene un río que desemboca al mar en ese punto y que la divide de esta otra ciudad igualmente grande que se llama Sale. Claro que hay que estar aquí para enterarse que de hecho estamos en una aglomeración urbana conocida con el nombre de Rabat-Sale. Es un poco lo mismo que pasa con Washington D.C. Aquí en Rabat vive y trabaja el Rey Mohamed VI, se encuentra el parlamento, las embajadas y por supuesto todas las oficinas internacionales. Es una ciudad parecida a Washington: todos funcionarios, todos con sus casas, y todos queriendo salir de aquí apenas se les presente la primera oportunidad. Y como Marruecos tiene ahora que ser una vitrina, por eso del turismo, entonces están haciendo de esta pequeña ciudad, ex-capital administrativa durante el protectorado francés, la más moderna del África según los entendidos. Así que por todas partes se ven obras: el metro subterráneo y el tranvía al mismo tiempo, nuevos barrios administrativos con ministerios, sectores residenciales para albergar a la masa de funcionarios… Todo eso fuera del centro que aun sigue teniendo los edificios construidos por los franceses, y por supuesto cafés y mas cafés donde los nostálgicos marroquíes van a dedicarse a su deporte favorito: tomar café o te a la menta y hablar mal del gobierno aunque no así del rey. El país esta viviendo una etapa de apertura desde la ascensión al poder del nuevo rey. Luego de 40 años de reinado despótico del anterior, Hassan II, que de todas maneras fue quien llevo a pulso al país al siglo XX (aunque solo a los comienzos del siglo XX), aunque a sangre y hierro. Tal es así que mucha gente aun no se atreve a descolgar de sus casas o de sitios públicos la foto del rey muerto porque, como dicen aquí, “aun muerto hay gente que todavía le tiene temor”. Porque, hay que anotar, todo el mundo tiene la foto del rey (en principio del vivo) colgada en su casa y en lugares públicos. Pero no solo en oficinas ministeriales, también en restaurantes, cafés, el cine, en todos lados, como para no olvidarse de quien es el rey. El otro asunto es que tampoco se habla directamente de él. Se habla del monarca, del poder superior, del de arriba, porque según la Constitución, una vez más el rey es descendiente directo de Dios, y eso aquí no es una broma… De hecho en la oficina de la AID cuando nos recibieron nos pidieron, expresamente, que cuando tuviéramos nuestras entrevistas con el gobierno o con cualquier entidad en el país no habláramos ni del rey, ni del idioma, tampoco de la religión oficial, ni sobre el tema del Sahara Oriental, que aun hoy sigue siendo un tema delicado. El nuevo rey entronizado hace 10 años a los 32 años, resume en su persona un poco lo que esta viviendo el país en general. Nacido en Rabat pero criado en España e Inglaterra, cuando llegó al trono casi no sabia hablar árabe, el idioma oficial de este país. Inmediatamente comenzó a dar más libertades -de prensa, de reunión, de crear mas partidos políticos- y concentró su atención sobre la agenda social, uno de los dramas de este país que, pese a estar a las puertas de Europa, aún tiene grandes características de un mundo subdesarrollado y pobre con una economía agrícola y grandes desniveles sociales (el analfabetismo alcanza al 35%). Además, el rey maneja el mismo su carro, asunto nunca antes visto en este país… Claro que atrás de él van, literalmente, unos 50 carros más: la escolta real, porque de todas maneras, Marruecos es un reino. Y es así como ahora, en todo el país, una nueva atmosfera de esperanza se ha instalado, donde la gente ya se atreve a hablar libremente, los medios son mucho más abiertamente críticos, los políticos más atrevidos y por supuesto, donde todo el mundo le hecha -ahora sí-, la culpa al gobierno… Aunque nunca al rey. Sin embargo la gente aún es seria y algo triste. No se escucha música en la calle, no hay el ruido típico de nuestras ciudades del tercer mundo, pero claro, tampoco hay basura, mendigos, ni criminalidad. Bueno, lo de los mendigos no es tan cierto. Lo que si se ve son personas que vienen del “sur”, de países africanos camino al norte, al otro lado del estrecho de Gibraltar buscando la “felicidad Europea” que se encuentra a solo 14 km de Tánger, pero a 8 kmt en Ceuta o Sebta, como se escribe aquí. Esa gente viene en barquitos bordeando el desierto y entra a tierra en los mil kilometros de costa que tiene Marruecos. Y ahí van subiendo poco a poco, viviendo de la caridad a ver si logran llegar a su tierra prometida. Sin embargo no se les ve en cantidades, sino de a pocos aunque se sabe que son muchos según lo que diariamente cuentan los periódicos cuando informan sobre muertes, naufragios y otras historias de horror que, constantemente, ocurren a lo largo de la costa atlántica y el estrecho de Gibraltar.. Todo eso es Rabat, la ciudad donde, básicamente, vive y funciona la burocracia gubernamental, y la política. ¿Será por eso que se quieren parecer tanto a Washington? De mañana todos salen a correr, a hacer jogging, a las 6 de la mañana como en Washington. Claro, hay muchos parques en Rabat y además esta la costanera que se extiende por kilómetros, así que toda la ciudad sale a caminar. Es curioso porque, como en todos lados, la gente se pone sus prendas de jogging compradas en tiendas deportivas caras, por supuesto, para salir con sus mejores galas. Pero también resulta insólito ver a las mujeres con sus tenis, sudaderas y pañuelos en la cabeza, porque son musulmanas. Incluso las hay aquellas que salen a caminar totalmente tapadas porque también son musulmanas… Rabat es una ciudad de múltiples costumbres. Así como se ven mujeres en la calle completamente cubiertas, también se ven totalmente destapadas y por su apariencia, mujeres marroquíes. Es una versión mucho más atenuada del mundo islámico, tanto o más que el Cairo, y eso resulta menos opresivo a la mirada de un extranjero. Claro que no hay que olvidar que los marroquíes no son árabes. Los árabes ocuparon Marruecos, trajeron su lengua y su religión, pero la cultura es muy diferente. De hecho Marruecos fue poblado por los Cartaginenses, los Romanos y luego por las tribus visigodas que bajaron del centro de Europa. Y eso los marroquíes lo tienen muy presente. Además están los Bereberes, que es otro pueblo de origen no árabe que vive en las montanas de los Atlas marroquíes y argelinos y que representan algo así como el 10 al 15% de la población del país. Más bien resulta interesante ver como la conquista árabe fue asimilada de la misma manera que lo fue luego la cultura y el idioma frances. Pero más sorprendente resulta descubrir todo lo que esa cultura y reino del Andalou (que se extendía desde Marruecos hasta el sur de España), nos transmitió a América Latina. El gusto por la vida, el placer de los sentidos, (a propósito la fruta es deliciosa y como no hay grandes cadenas de distribución llega a los supermercados directo de las granjas), la artesanía y las ganas de comer. Eso sí, la música la pusimos nosotros, aunque ellos hayan sido lo que inventaron las castañuelas, que ahí son de metal. Rabat, como muchas otras en Marruecos, es la yuxtaposición de varias ciudades. En efecto. Dentro de cada ciudad hay otra ciudad, más pequeña, rodeada de una muralla: esas son las “medinas” que son, básicamente, ciudades antiguas fundadas por lo árabes. Y en torno a la medina esta la ciudad moderna, siempre con una parte construida por los franceses durante el protectorado, que uno a veces se pregunta si ya termino. Si, porque, a pesar de la imposición del idioma árabe como idioma nacional, el idioma de la gente en las ciudades sigue siendo el francés. Porque el –o los- idiomas son otro de los problemas de Marruecos. A la llegada de los franceses en Marruecos se hablaba un dialecto local de árabe y Bereber (o Amagzir como le llaman ahora) mas otros dialectos locales, muchos, muchos de ellos tales como los idiomas Tuareg y los de otras tribus nómadas del desierto. Los franceses impusieron el francés que ha sido desde ese momento el idioma de instrucción, con lo cual básicamente los sectores campesinos fueron dejados fuera del sistema ya sea por falta de maestros o por falta de conocimiento del francés. Luego, y eso desde hace no más 10 años, se decreto que el árabe seria el idioma oficial y la lengua de instrucción, pero el árabe clásico, como el que se habla en Egipto, cosa que aquí poco se conoce. ¿Resultado? La gente del campo sigue quedando fuera del sistema y en la ciudad los niños siguen teniendo problemas de instrucción porque no conocen ese árabe. Lo que es peor aun porque, cuando finalmente llegan a la universidad, tienen que pasar todo el primer año aprendiendo francés, ya que ahí el idioma de instrucción sigue siendo el francés. Después de todo, estos futuros profesionales terminaran en las universidades francesas haciendo su especialización. Complicado, ¿no? La mala noticia es que esto no es lo único complicado en Marruecos. En este país hay un talento natural para la complicación. Y yo que pensaba que eso era algo típico de Macedonia. Pero, ¿cómo no va a ser complicado un país que aún es una monarquía de derecho divino, y donde el secretario general del sindicato del partido islámico (los “ultras” de por aquí) aún habla de su majestad y se comporta como todo el mundo frente a este tema? Incluso me toco leer entre líneas para descubrir, sin que en ningún momento lo haya expresado con claridad, que en realidad están a favor de un cambio de régimen y el fin de la monarquía como parte de su visión para “salvar” al país. Vaya uno a entender..