9 de noviembre de 2007

Sudán queda en algún lugar de América Latina

Juba, Rumbek, Wau y Kadugli. Llegamos al Aeropuerto internacional de Juba a las 7 de la mañana para abordar el avión del Servicio de Asistencia Humanitaria, de las NNUU (UN-HAS por sus siglas en inglés), que todo el mundo llama WFP Airlines (Aerolíneas PMA, por Programa Mundial de Alimentos). Me imagino que es el plan de sostenibilidad de la organización. Tiene aviones bi-motores de 36 pasajeros que también llevan carga, y así matan dos pájaros de un tiro. (Foto arriba: Atardecer camino de Kadugli a Abyei).
El “check-in counter” de WFP Airlines era, no obstante, un cubo de ventilación del sistema de aire acondicionado del aeropuerto, que a esa hora todavía estaba cerrado. Ahí nos chequeamos, dejamos nuestras maletas y nos dispusimos a esperar. Si, porque esta aerolínea funciona con horario aproximativo. En general, los vuelos salen después de que llega el avión, porque todos son aviones que llegan de alguna otra parte. (Foto: Rumbek).
Sin embargo, esta vez el avión llego de Loki a las 8:30 y pudimos salir a las 9 de la mañana. Estaba casi completo, 36 pasajeros a bordo: Oxfam, World Litteracy, Save the Children, IRG, DAI, HARD (debe ser una ONG local) EDC y WFP, entre otros. Si, porque en el registro de pasajeros además del nombre también te piden el nombre de la agencia a la que perteneces… Curioso, también fue lo mismo en el hotel de Loki, solo que recién ahora me di cuenta de esto.
Despegamos de nuestra última pista asfaltada y nos dirigimos al norte, hacia Rumbek, la antigua capital del sur. Durante una hora volamos sobre una planicie semi-árida, atravesada por numerosos ríos y totalmente despoblada, sin gente. Me pareció extraño, pero no me sorprendió; después de todo estamos en Sudan. Solo que me preguntaba “¿Y donde están los 10 millones de personas que se suponen que viven en este país?” En las ciudades no, porque fuera de Juba, que es una ciudad menesterosa, todo lo demás son pueblitos de menesterosos. La pregunta quedo sin contestar. Fuimos descendiendo a Rumbek, que suponía, iba a ser una ciudad ya que fue la antigua capital del sur de Sudan, pero nada, también es otro pueblo como los demás conocidos visto desde el aire. Pero, a medida que el avión descendía haciendo su aproximación a la pista del aeropuerto de Rumbek, me fije en una curiosa forma que yo creía natural; algo así como círculos de tierra sin hierba en medio de los pastizales con unos puntos mas obscuros en su interior. Más de cerca descubrí que eran chozas de paja, las casas donde vive la población. Así es, cada unidad familiar construye un cerco de piedra circular que delimita su propiedad y en el interior construye varias cabañas de paja: una para el hombre y las otras para las varias esposas, dejando una para la cocina que, imagino, es donde todos se encuentran y se arman las peloteras… (Fotos: Poblado de Wau).
De ahí en adelante mi vida cambio. En el tramo de Rumbek a Wau, mirando desde el avión, me pude dar cuenta de lo poblado que es este país. Solo que no se ve. Pero también me pude dar cuenta que a pesar de lo poblado, de lo plano, de la cantidad de ríos que lo cruzan, a pesar que la tierra es semi-arida, no se ven cultivos por ninguna parte; ni siquiera cerca de las chozas… Una vez más aparece un enigma: “¿Y de que vive la gente?” Y otra vez más la misma respuesta: “Estamos en Sudan.” Aparentemente, los árboles son la arquitectura preferida para las terminales aéreas, por lo menos en el sur. Llegamos a Rumbeck y ahí nos hicieron bajar y pararnos a la sombra de un árbol mientras “tanqueaban” el avión. De ahí, subimos de nuevo y partimos a Wau.
En Wau no hay árboles, solo una Terminal, pero esta vez de cemento y del tamaño de una habitación, seis por cuatro metros, con unas sillas plásticas amarradas con una cadena entre si. Ahí esperamos la conexión. Y como era WFP Airlines, la conexión llegó cuando llegó. Dos de la tarde y aún no desayunábamos. Esta línea aérea había adoptado el modelo de negocios de las líneas aéreas norteamericanas: te cobran el pasaje pero no te dan nada de comer. En realidad, como el precio de los boletos es un poco mas barato que las líneas comerciales, si las hubiera, tampoco te dan las indicaciones de seguridad. Así que a cada uno debe ingeniárselas para ajustarse el cinturón de seguridad y ver que mierda hace con esa mascarilla que, de repente, cae frente a ti. Solo los pilotos toman café y la azafata la pasa de lo mejor… Así, luego de otra hora de vuelo, sobrevolando poblados invisibles con cultivos inexistentes llegamos a nuestro destino final, Kadugli. Bueno, lo que en un comienzo creí que era Kadugli: una serie de campamentos súper ordenados e inmensos, una pista de cemento y una Terminal, una verdadera Terminal: edificio con torre de control, salones, cafetería y todolodemás. El avión aterrizó, carreteo por la pista y se detuvo cerca del Terminal. Abrió la puerta y bajo la escalera. Bajamos con mi compañero. Enseguida bajaron las maletas, cerraron la puerta y despegaron rumbo a Khartoum. No había bajado nadie más, solo quedamos los dos en la pista. Según me dijo mi compañero de viaje, habíamos llegado al norte de Sudan. No nos esperaba nadie porque, según nos enteramos después, la camioneta vino a vernos y como el avión no llegó a la hora (sino 15 minutos más tarde), se fue... ¿Son tan británicos aquí? De eso me daría cuenta media hora después... El camino del aeropuerto a Kadugli es una enorme carretera, súper ancha, de tierra... pero hecha pedazos, a tal punto que el carro se fue por caminitos, más bien trochas, trazadas por otros vehículos a los costados de la carretera. “Es que la compañía China contratada para hacer este camino pavimentado se arrancó con el dinero”, me comentó el chofer. Nada que no conociéramos ya, ¿No? Kadugli es una capital provincial desde época de los ingleses. De eso nos dimos cuenta cuando la carretera desemboca en una avenida, esta vez bien pavimentada, ancha y flanqueada por hermosos árboles centenarios (Mahoganys, en inglés), plantados por los ingleses. En algún momento cruzamos un parque, trazado por los ingleses hasta que la avenida se transformó en una calle, ancha, con casas de ladrillos pintadas de blanco y construidas, seguramente, por los ingleses. Claro, ahora todo estaba viejo y derruido, por el tiempo, el abandono y la guerra. Una ciudad sumida en la incertidumbre de no saber si pertenecía al sur o al norte, fue prácticamente abandonada por su población, la que esta recién ahora regresando, poco a poco y adquiriendo, decididamente, una personalidad norteña, o sea arabizada, de negros musulmanes. El drama de Kadugli es que dentro de los acuerdos de paz, tiene una administración rotativa, o sea un año un alcalde del partido de gobierno, el National Congress Party (NCP) y otro de Sudanese Popular Liberation Movement (SPLM), del sur. El problema es que, lo que hace el uno, lo deja de lado el otro, si es que no lo deshace. Y si no, vean lo que esta sucediendo con la carretera. (Fotos de Kadugli). La ciudad, aunque pequeña, esta llena de vida. Sus calles, bien asfaltadas, rebozan de gente caminando, gente montada en burritos, gente montada en carritos casi de juguete tirados por burritos casi de juguete, niños, hermosas mujeres, altas, negras, negrísimas y arropadas con esas telas que las envuelven de pies a cabeza, porque son musulmanas, aunque usan colores brillantes, casi todos floreados y múltiples. Abundan las mezquitas, por supuesto, y escasean los carros y los lugares donde comer. Y si, ya eran las cuatro de la tarde y pensábamos que había llegado el momento de tomar el desayuno...
Decididamente no hay sushi en Kadugli. No se cuantos restaurantes hay, pero a nosotros nos llevaron al mejor, cuyo dueño es también el propietario de la gasolinera, de la compañía constructora, de las tierras aledañas y quien sabe de cuantas cosas más. El menú es simple y por eso no lo escriben: bandeja o shawarma. El shawarma esta afuera, como todos los shawarmas del mundo, pero escuálido y con la grasa que chorrea, como todos los shawarmas del mundo, salvo los de Paris. La bandeja te la preparan. Lo que llaman “bandeja” en realidad es... una bandeja, pero enorme, como de un metro de diámetro, de metal, y en ella colocan ordenadamente carnes de varias especies, cordero y pollo en diferentes presentaciones, berenjenas cocinadas y, si tienes suerte, coliflor en salsa... de carne. En los días de fiesta te ponen además un poquito de ensalada, o sea tomate y cebolla picada. Hoy era día normal. Decididamente, como lo comprobaría con el pasar de los días, los sudaneses son los “argentinos del norte”. Solo comen carne. Con razón...
La bandeja la colocan en medio de la mesa, además traen “Job” que es el pan árabe, aunque aquí “Job” solo significa pan y te ofrecen “Coca o Bebsi”, siendo Sudan uno de los pocos países del mundo donde coexisten las dos. El pan árabe sirve de plato, tenedor y servilleta. Con pedazos de pan vas tomando pedazos de carne y los pocos vegetales que hay delante de ti. Eso si, antes de comer o bien vas a lavarte las manos o te traen a la mesa una palanganita con jabón y toalla. Luego de comer, te lavas nuevamente las manos y te enjuagas la boca. Eso si, escupes el agua al piso. Tal vez sea un ritual (?) Aquí no hay postre, no hay dulcecitos árabes, no hay fruta, no hay nada más. Tan solo café o té. Sin embargo, todo sabroso y perfumado, porque eso si, tienen estos cocineros o cocineras, más bien, un gran dominio del arte sutil de poner especies en cada cosa que preparan, incluyendo el café (con cardamomo) y el té, con otros aromas que no pude identificar. Ahí, de sobremesa y por primera vez, pude tener contacto con sudaneses de verdad. No los que trabajan para las ONGs, no los que hablan inglés, no los intelectuales, sino con la gente normal, la que vive su vida de todos los días en una capital provincial. No sin cierta dificultad, hablamos con la gente que se nos acercó a darnos la bienvenida a su ciudad (y no a preguntarnos que hacíamos ahí), y compartimos con ellos sus preocupaciones y visiones de las distintas situaciones, que si la guerra iba a regresar o no; que la corrupción del gobierno; que la gente que se hace rica a espaldas del pobre; de los funcionarios que roban; de los negociados; de cómo los extranjeros (Chinos esta vez) se llevan el petróleo sin dejar nada en el país... Decididamente, Sudan queda en algún lugar de América Latina!
Y así, caminado por sus soñolientas calles al atardecer, escuchando la llamada de la última plegaria del día, y sintiendo el humo de cocinas de leña, calentando agua para el té, nos regresamos a nuestro “compound” para dormir. La partida al día siguiente sería a las cuatro de la mañana.
Curiosamente la noche en Kadugli, a pesar de estar en América Latina, es diferente a las nuestras. No me podía despertar en medio de la noche porque no escuche ladrar a ningún perro (luego me enteraría que se callaron a raíz de la guerra), ni en la madrugada porque ningún gallo cantó (¿Será que se los comieron a todos?). Así que tuve que confiar en mi despertador que sonó a las 4 AM porque había que madrugar. Ese día tendríamos por delante un largo viaje al corazón del Sudan.
Kadugli, Sudán
Viernes 2 de noviembre, 2007

5 de noviembre de 2007

Juba o cómo inventar un país

Para inventar un país la receta es bien simple: tómese un terreno baldío en el mapa, baldío no porque no pertenezca a nadie sino porque este un poco marginado, haga un aeropuerto, una base militar, un campamento de las Naciones Unidas, disperse carros 4x4 de ONG a diestra y siniestra y llene las calles de gente… y de basura. ¡Y ya esta! Juba cumple todos esos requisitos. Pueblito apacible y dormido de la época colonial británica, con calles bien trazadas y lindas construcciones -al decir de aquellos que la vieron en esos tiempos- Juba fue, como muchas otras ciudades de Sudan, ocupada, saqueada, demolida y destruida durante la guerra, dejando tan solo un montón de escombros arrumados al margen izquierdo del Nilo, ciento ochenta kilómetros después de hacer su ingreso a Sudan, desde Uganda. Pero ahora, que es la reciente capital de este nuevo país que acaba de ser inventado y cuyo nombre es solo un punto cardinal, Sur Sudan, Juba se ha trasformado en una vibrante ciudad que refleja todas las dimensiones de ese mundo que esta construyendo la ayuda internacional, imagino, para el bien de la humanidad. Juba tiene ahora unos no se, 100 mil o 200 mil habitantes, aunque siguen llegando más, atraídos por el hecho de que es la única ciudad, en el sur de Sudan y, por supuesto el único lugar que se beneficia plenamente del maná que trae el desarrollo. Y sí, Juba tiene un enorme aeropuerto, una enorme base militar, un enorme campamento de NNUU, una enorme cantidad de agencias de cooperación internacional, una enorme cantidad de 4x4 hechos pedazos, de motos, de gente caminando, de niños corriendo por la calle, de cabras sueltas en la avenida principal y, eso sí, un montón, pero un montón, montón… de basura. Todo eso, envuelto en una nube de tierra, siempre en el aire, ya que no hay una sola calle pavimentada. Desde que llegue aquí tengo grabada en la mente la palabra “jubra” en vez de Juba, que significa “basura” en Macedonio. Si, el nombre de esta ciudad debería ser “Jubra”.
Llegamos al aeropuerto, a ese inmenso aeropuerto, nosotros en nuestra pequeña avioneta. Caminamos por la loza entre los aviones grandes para presentarnos a inmigración. Ahí casi no nos miraron, pero el señor de la aduana, ese sí que me miró. No solo me miró, sino que me registro hasta la carterita de mis CDs y el contenido de mis libros. Según mi colega, los aduaneros eran del norte y querían ver si el gringuito traía material subversivo (!) Si, tal vez para convencer a los negritos del sur, ¿que son tan seres humanos como los del norte? Bueno, subimos a la camioneta del proyecto y comenzamos a rodar por esa súper carretera de tierra, pero que pronto van a asfaltar, según dijo el chofer. Ahí comenzamos el tour. Y si, porque todo el mundo aquí se siente en la obligación de decirte lo esta por hacerse en cada calle que pasamos: “aquí se va a hacer el ministerio de salud”; más allá el de educación, y los archivos nacionales y todo lo demás. Claro que lo único que se ve son andamios, pilas de ladrillos, paneles de prefabricados, y polvo, eso si, mucho polvo por todos lados. De todo eso lo único que ya esta construido son el palacio presidencial y el edificio del congreso nacional, de un país que no tiene nombre aún. Pero, no se vayan a hacer una idea nefasta de este lugar; no todo esta en construcción, no. En realidad el chofer tiene tres discursos: el de “aquí se va a construir”, el de “esta calle se va a pavimentar próximamente” y, uno último y el más positivo que es “y aquí es el campamento de…”. Sí, porque tenemos el campamento de las NNUU, el de la UNICEF, el de la USAID, el de los Italianos, el de los Británicos, el de la GTZ y el de todos los demás. Todos iguales, murallas altísimas, lámparas halógenas y alambre de púas… como protegiendo estas democracias liberadoras que vienen a ayudar al país, al país que aún no tiene nombre pero que todos los días sigue inventándose un poquito más... Nosotros también tenemos un campamento, igual a los otros; eso lo descubrí al llegar. La misma puerta de metal, las mismas murallas, las mismas lámparas halógenas y los guardias de seguridad. Así que, ahí conocí lo que es la vida en esta ciudad. De hecho, son entidades autónomas: tenemos vivienda, comida, televisión y, sobretodo, oficinas donde poder trabajar y trabajar todo el día. Esto es una mezcla entre un convento y un “sweat shop” de esas en Manchester, de comienzos del siglo XIX! Es el modelo más increíble de explotación humana concebido para “trabajar por el bien de la humanidad”. La gente trabaja de domingo a domingo, de sol a sol, porque allá afuera “no hay donde ir, no hay nada que hacer”. Todo lo que pasa allá afuera pertenece a un mundo, al que sí ayudamos, pero no nos metemos con el. Y como yo, como todos lo saben, mi apellido “contreras”, lo primero que hice fue pedirle al chofer que me llevará a dar una vuelta: eran las 6 de la tarde de un viernes, hora pico en la ciudad. En Juba no hay horas pico, son horas pico y pala ya que nunca para la construcción. También son horas polvo y muchedumbre, con un tráfico que se mueve a 20Km por hora, no por prudencia sino porque las calles no son tal; son pistas de motocross, son gallineros, son mercados bullentes de gente comprando y vendiendo cositas de a 5 y 10. Y si, el paquetito de galletas, los tabaquitos por unidad, el cuarto de aceite, todo en economía de subdesarrollo, por unidad o en pequeña cantidad. Pero sí, las calles atestadas de gente que camina entre los carros, de motos que, esas sí, andan a toda velocidad levantando cortinas de tierra, de cabritos y de chanchos que circulan libremente por la ciudad. Es como si estuviéramos en el corazón de África… ¿Será que es ahí donde estamos? El chofer y mi colega me llevaron a ver la ciudad. Así que visitamos la casa del presidente, rodeada de murallas, guardias y alambre de púas; el edificio del congreso, rodeado de murallas, guardias y alambre de púas, el campamento de varias ONGs, rodeados de murallas, guardias y alambres de púas y, finalmente, un club, algo así como el country club local, rodeado de murallas, guardias y también, alambres de púas. Mientras tanto afuera la calles bullían de gente caminando, sentadas en sillas plásticas o comprando de a cinco y de a diez. ¿Será que algún día esos mundos se van a juntar o van a seguir creciendo separadamente hasta lograr construir una sociedad moderna y como deber ser, o sea separada por barrios y clases? Vamos bien entonces… Pasamos por la calle comercial (difícil saber la diferencia con las otras), y por la del mercado (difícil saber que era diferente de la comercial) y por la calle donde esta la iglesia anglicana, rodeada por puestos de venta, y por la mezquita, rodeada de gente tapada de pies a cabeza. Y también estuvimos metidos en un trancón de tráfico, difícil de diferenciar del tráfico normal, y en el accidente de un carro bomba, en realidad el carro bomba recién recibido, que por ir rápido a apagar un incendio, en esas calles de tierra resbaló y fue a dar contra un poste dejando a todo un barrio sin electricidad. Y sí, porque Juba es una ciudad vibrante, vibrante por el temblar de los altoparlantes de los que sale esa música africana, tan alegre, tan tropical… Es una ciudad viva, desarrollada por gente muerta. Muerta de aburrimiento en sus campamentos, muerta de corazón, muerta de miedo de salir afuera, muerta de alma… Hasta que llegamos a la zona turística y ahí la cosa cambio. La zona turística es donde están los hoteles de lujo y los restaurantes elegantes, obviamente a la orilla izquierda del Nilo Blanco, recién llegado de Uganda. Ahí uno se encuentra con los letreros delante de portones abiertos que te invitan a pasar al hotel Copacabana, al Palacio Royal, al Taj Mahal. Nosotros entramos al Da Vinci porque es el que aparentemente tiene el restaurante más elegante. Entras al hotel y lo primero que encuentra uno es una hilera de “suites”. Una vez más, las mismas carpas del hotel de Locki, por los mismos U$S150 diarios, claro que incluyendo el desayuno. La comida es aparte… y cara: U$S 30 la pizza y 10 el jugo, claro que sí, natural… de piña o de mango porque no hay más. El restaurante, como en el otro hotel, es una muy linda pérgola, elegantemente decorada, reposando sobre la orilla del Nilo, con un pontoncito con mesas, velitas y una barquita donde te llevan a pasear, seguramente, por un platal… Todo aquí es caro. Después de todo es solo para gente internacional o para altos funcionarios de gobierno, a pesar de que ahora dicen que hay un grupo de gente local haciéndose una millonada con los contratos de construcción. También me enteré que todos estos hoteles son de una sola compañía, AFRA o algo así, un gringuito que de hippie paso a empresario gracias al desarrollo. ¿No ven que si hay impacto social? Que lindo ratito pasamos ahí, sentados en el portón, con el Nilo corriendo bajo nuestros pies, las garzas sobrevolando y los sonidos de peces saltando fuera del agua, aunque luego nos dimos cuenta que también eran bolsas plásticas, seguramente con basura, que la gente, más allá de los limites del hotel arrojaban al Nilo Blanco… Pagamos con gusto los U$S10 por cada uno de nuestros jugos de piña (el de mango se había acabado) y salimos para regresar a la seguridad del campamento. Después de todo, ya eran las 8 de la noche y todo bañaba en oscuridad. Pero antes de llegar hubo una ultima parada: el club restaurante “Home and Away” el sitio más “in” de toda ciudad. Luego de hacer cola detrás de los 4x4 más elegantes de Juba, de donde bajaban una negras estupendamente arregladas y unos hombres cargados de oro, logramos parquear, también en un parqueadero de tierra. Caminamos al restaurante. Pero al entrar fue como si de repente hubieses cruzado el umbral de la dimensión desconocida: un metre de smoking y guantes, seguido de mozos impecablemente vestidos de blanco te llevan a la mesa a donde te muestran un menú de platos exquisitos y exóticos. Claro, después nos enteramos que la administradora es filipina. No cenamos, lástima, pero teníamos que volver al “compound”. Así es Juba, o “jubra”, la capital del sur de Sudan. Me hizo pensar en las granjas de champiñones en Francia: en esas granjas los champiñones son cultivados sobre estiércol animal, o sea sobre mierda, porque así salen más grandes y más lindos. Esta ciudad es igual, me imagino que de toda esta mierda, algo bello saldrá, en unos cuando años, cuando se hayan pavimentado las calles, cuando se hayan terminado de construir los ministerios, cuando tengan hoteles de verdad…y cuando se haya ido la comunidad internacional. Claro, eso si, si no viene otra guerra y lo manda todo al carajo una vez más.
Juba, Sudán,
Martes 29 de Octubre, 2007

30 de octubre de 2007

Tras las huellas del Nilo Azul

Tanto el vuelo de ida de Locki a Kurmuk, como el de regreso de Kurmuk a Juba fueron experiencias increíblemente maravillosas. Este país es plano, inmenso, pero ligeramente cóncavo como una inmensa bañera que demoramos tres horas en sobrevolar. Es una tierra semi árida, con arbustos y pastizales además de algunos árboles gigantescos que se destacan como islas verdes en esas soledades.
Si, porque en 3 horas no vimos ni una sola población. Bueno, en realidad vimos un pueblito de unas 10 casas o mejor chozas, cada una rodeada de algo que se veía como una cerca de piedra de unos 20 metros de diámetro, quizás para mantener ahí el ganado. Porque aparentemente es una zona ganadera, donde el ganado, los de cuernos largos (long horns) compiten con hienas, leones y otros animalitos que suelen vivir por ahí. Pero es una hermosa desolación… recorrida por una multitud de cauces secos, huellas tal vez de épocas más regadas, ¿en el pasado? ¿En el año? No se…
Noventa minutos de vuelo y el paisaje comienza a cambiar ligeramente: la planicie de pastizales ahora esta en medio de enormes charcas de agua, anegada, pero no por una inundación sino de manera permanente. Es como si la tierra rezumará agua, como si fuera una enorme esponja dentro de una enorme bañera. Bueno, eso, según me dijeron, era una de las fuentes del Nilo Azul.
El Nilo Azul, como todos sabemos gracias al inútil enciclopedismo que nos da la escuela, se origina en las montanas de Etiopia. Pues, es cierto, porque si miramos hacia la derecha, volando de sur a norte, ahí están las dichosas montañas. Claro, lo que no nos dicen es que de esas montañas no sale un torrente al cual se suman muchos torrentes más para constituir un río, como seria lo normal, o por lo menos a lo que estamos acostumbrados.
No. De esas montañas bajan, no se de que manera, si superficialmente o de manera subterránea, todas esas corrientes que se van a depositar en la bañera con la esponja gigantesca. Y de ahí, a medida que avanzamos el paisaje se torna cada vez más acuático, con colinas verdes que se asoman como islas rocosas en medio de esa vegetación semi acuática. Y de repente, surge un río, así, como por arte de magia. Pero no, todavía no es el Nilo Azul. Es otro, uno que luego de pasar por un lago se va a llamar Nilo Azul. O sea que no se puede decir con precisión donde no más es que nace el Nilo Azul. Pero ahí esta, dibujando sus riveras desde el pantano que lo vio nacer.
Es un río que se mueve en muchas direcciones, como buscando un destino, una orientación. Son “eses”, una detrás de la otra, como el silbido de una perezosa serpiente que lentamente busca definir un cauce, perdiéndose muchas veces en lagos, en bifurcaciones que se vienen a re-encontrar kilómetros mas abajo, como si quisiera aprender a ser río, pero sin el manual.
A medida que nos acercamos a Kurmuk, el río se va alejando hacia en oeste. Es que para llegar a este pueblo-ciudad, según me enteré después, hemos de cruzar por sobre una parte de Etiopia, y sus montanas, una protuberancia en el mapa que se interna en el territorio de Sudan. Así que dejamos atrás el río para ver las montanas donde se origina. Uno se imaginaria que esas montanas que generan tanta agua tiene una vegetación lujuriosa. Bueno, no hay tal. Son rocas secas, casi sin pasto, y totalmente sin población. Ahí yacen, esperando las lluvias, para canalizar esas aguas hacia su destino final. Es un paisaje hermoso, del cual surgen de tanto en tanto domos de piedras, extrañamente parecidas a pirámides con formas y tamaños similares. ¿Será que de ahí proviene la inspiración de los egipcios?
Ese paisaje, de alguna manera, es un paisaje que evoca misterio, algo muy profundo e interior. ¿Será que todas las cosas profundamente esotéricas se originaron en las montanas de Etiopia? No se, pero es un paisaje sobrecogedor; hermosamente sobrecogedor.
Y así, saltando de una a otra de esas cimas rocosas, finalmente llegamos a Kurmuk, adivinamos Kurmuk, ya que desde el aire solo se veían unas cuantas casas y una pista de aterrizaje, mas bien una porción de tierra despejada que, para alcanzar, nos obligo a pasar por entre dos montanas donde casi tocamos las rocas con las alas del avión.
El viaje de Kurmuk a Juba, de regreso hacia el sur, nos llevo por una ruta diferente. En realidad viajamos de norte a sur oeste. Fuimos dejando atrás las montanas para internarnos nuevamente en el pastizal y luego en la esponja rezumada de agua…Comenzábamos a cruzar lo que en los mapas aparece sin nombre, pero que aquí la gente llama “el pantanal”.
Ya no es una esponja que resuma agua, sino que son 3 horas sobrevolando un pantanal; agua por todos lados, con pastos altos emergiendo, con bandadas de garzas y otras aves que salían disparadas al paso del avión, muy por debajo de nosotros. Y, si miramos el mapa, resulta que ese es otro pantano, muy diferente del que cruzamos en las fuentes del Nilo Azul. Ese es una parte del recorrido del Nilo Blanco que viene desde el lago Victoria, allá, no muy lejos, en el sur, en lo que es ahora Uganda. Y si, porque el Nilo Blanco, que si se origina como un río “normal”, saliendo de un enorme lago, también se viene a perder en las tierras del Sudan, en otros pantanales, para luego recuperarse y volver a ser nuevamente un río normal.
Y eso se puede ver muy claramente desde al aire: el punto donde llegamos al pantanal era el lugar donde el río vuelve a ser uno nuevamente para seguir su trayectoria única hacia el norte. Pero de ahí hacia el sur, vemos como se va perdiendo su unidad. El río se vuelve varios ríos, cursos de agua que viajan paralelos, la mayor parte del tiempo, divididos por las aguas de pastos altos del pantanal. Es un extraño paisaje, aguas divididas por aguas, ríos paralelos, islas de vegetación… Sobrenatural.
Es un paisaje que te hace pensar; la inmensidad, la soledad, esa vasta naturaleza aun no domesticada, a pesar que se habla de construir un canal que cruce el pantanal para hacer más rápido el viaje por el Nilo Blanco hacia Khartoum… ¿Porque será que el hombre busca destruirlo todo? ¿Con qué afán? O más bien, ¿Con que falta de visión? ¿Será que nuestro afán de muerte es más poderoso que el de vida?
Al sobrevolar esos paisajes no podía evitar pensar que de alguna manera el paisaje refleja la naturaleza de un país. En efecto Sudan es un poco eso. Un curso de agua que en su viaje a través del tiempo y el espacio, atraviesa zonas pantanosas donde su curso se desdibuja y casi se pierde, para re-encontrarse mas adelante. De más esta decir que desde hace unos 20 años el país, o los países si viene al caso decirlo, están atravesando el pantanal. Incluso los cursos paralelos son reflejo de los países paralelos que existen en la actualidad, con todos sus conflictos sin aparente solución…
Y así, nos vamos remontando en el tiempo y bajando hacia el sur, hasta salir del pantanal y re- encontrarnos con el Nilo Blanco, tal como nació: un río ancho, lleno de vida, de vegetación arrastrada por la corriente, de vida animal…y de gente. Re-aparecen las casas, los villorrios, las chozas de techos de paja, pero sin las envolturas platicas con la palabra UNICEF. La planicie ahora esta sembrada de colinas rocosas que emergen, de manera desordenada y que imagino el piloto de la avioneta usa como referencia para llegar a Juba, la ciudad capital de ese país nuevo que se recuesta sobre el Nilo Blanco: el sur de Sudan.
Juba, Sudan
Domingo 28 de Octubre, 2007

Kurmuk, después de la guerra

La Terminal del aeropuerto de Kurmuk, es un árbol. En realidad no es solo un árbol; además hay un tractor que esta ahí para jalar a los carros, a los 4x4 que se quedan enterrados en el barro. A unos pocos metros hay un par de chozas, pero eso ya es propiedad privada. Sin embargo desde las chozas, con un poco más de perspectiva, se puede ver la pista de tierra donde acabamos de aterrizar, luego de 3 horas de viaje en una avioneta de 4 puestos (además del piloto, ¡gracias a Dios!) que entre saltos y resbalones logró detenerse justo al final de la pista antes de entrar de lleno en el pastizal que venía más adelante. Como el pueblo de Kurmuk, capital del distrito (o Estado como le dicen aquí) del Nilo Azul queda a 8 Km del aeropuerto, sobre la frontera con Etiopia, nos vino a buscar la camioneta del proyecto. Y de regreso, nos tardamos 1 hora en recorrer esa distancia, sí, en la camioneta, no a pie. De más esta decir que el camino a Kurmuk es la carretera que va a Damosin, el pueblo siguiente, también capital de otro Estado, y que ha estado interrumpida desde hace tres meses por las lluvias. Son 190 Km, que hoy solo los puede hacer un tractor en 4 días con un trailer que la arrastra. El recorrido es precioso, una montanas muy lindas, preludio de otras majestuosas que a lo lejos perfilan el paisaje etiope. Lástima que no se pueda pasear por ellas. Están minadas… Kurmuk es ahora una ciudad de unas 10,000 personas, 1.500 soldados que no se ven y unos 1,000 Pakistaníes de las NNUU que no se dejan ver. Eso sin contar con los “cooperantes internacionales” que se encuentran diseminados por doquier, tratando de mimetizarse con la población. Si, porque los que llegan ahí, o mas bien, los que mandan ahí no son los expertos bien pagados sino que los jovencitos que han sido convencidos que ahí es precisamente el lugar desde donde pueden comenzar a cambiar el mundo… Y entonces se van, y se visten como jóvenes trabajadores del desarrollo: pantalones de lona con muchos bolsillos, camiseta tipo remera sin mangas y sandalias. Ellos, en general, despeinados y con una barba incipiente. Ellas con faldas largas, la misma camiseta con tirante y “hawaianas” o chancletas de goma o como se las llame a esas sandalias que se usan para andar en la playa. Ese es el paisaje humano en Kurmuk. Pero esta el otro lado de la moneda en esta historia. Lo que realmente representa Kurmuk. Ese pueblito ha sido, durante la guerra entre el norte y el sur, -guerra olvidada por la prensa internacional porque competía con una más mediática en Etiopia-, el reducto desde donde el ESPLN (Ejército Sudanés Popular Liberación Nacional, actual gobierno), el ejército rebelde del sur, arrancó con su ofensiva que, finalmente, y muchos años después, le permitió conquistar todo el territorio que ahora domina en sur Sudán y que es del tamaño de Ecuador. Decididamente este país es inmenso. Por eso, el pueblo, una hermosa y pequeña ciudad con calles bien trazadas y edificios coloniales británicos de una planta, fue salvajemente bombardeado, despoblado, vejado y humillado, pero nunca derrotado. No quedó un solo edificio en pie, ni siquiera el hospital. Casi totalmente abandonada, la población se refugió principalmente en Etiopia, pero ahora que la guerra ha terminado y que la gente se regresa y sigue regresando, el pueblo esta convirtiéndose en ciudad. Los combatientes en soldados aburridos, la población en pobres y hambrientos y la fuerza de paz de las NNUU en un dolor de cabeza. Y todo ese mundo convive en medio de una ciudad en la cual hay que adivinar sus calles, donde no hay casi negocios, y en que las carpas, principal forma de habitación, se pelean los espacios habitables con las chozas tradicionales de la población original, aquella que no fue a ninguna parte, aquella que supo que había guerra porque los aviones llegaron y arrojaron sus bombas en el pueblo y que vieron a esos soldados pelear por alguna razón que aún les resulta desconocida. Los soldados del ejército rebelde, ahora no hacen nada. Solo salen en la mañana a hacer su formación, comen un día sí y otro no, porque el ESPLN no tiene dinero para alimentarlos y cada dos meses hacen una revuelta disparando algunos balazos al aire porque no les pagan los sueldos. La gente recibe asistencia de las organizaciones internacionales: el programa mundial de alimentos les trae comida, la OMS campaña de inmunización, otros, letrinas y, los irlandeses, les traen cerveza y pozos de agua… todo liquido…
Los soldados de la fuerza de paz son un contingente Pakistaní que viven en un campamento a un kilómetro fuera del pueblo, totalmente autónomo y sin tener contacto con nadie. Tienen su propia comida, su propio helicóptero, sus propias maquinarias, luz, habitaciones, cine y piscina, pero no comparten eso con nadie y ni siquiera se les ve. Pareciera que el campamento esta desierto, pero no se equivoquen, están ahí, ahí dentro…manteniendo la paz…con el ejemplo. ¿Será que se pasan el día meditando?
En el pueblo, perdón, ciudad, porque tiene su propio palacio de gobierno donde funciona la oficina del comisionado, que nunca esta ahí, por supuesto, no hay luz, no hay comida, no hay agua, no hay alcantarillado, pero si hay Internet. La densidad de VSats es tan alta como en una base de la NASA. Y claro, todos estos trabajadores del desarrollo tienen que comunicarse con sus organizaciones y mandar los informes de avance. De avance sobre como van “ejecutando sus programas” que es, básicamente, como van gastando el dinero de sus presupuestos de manera que al final del año fiscal hayan alcanzado las metas establecidas en el gasto y poder así pedir más dinero para el año que viene.
Esa es otra de las innovaciones actuales del trabajo en desarrollo: estos jovencitos, con sus barbas incipientes y camisetas de tirantes, andan todos con sus portátiles y sus thurayas (teléfonos vía satélite para los ignorantes del desarrollo), caminando por el pueblo para ir a la próxima reunión de coordinación. ¿Coordinación de qué si finalmente cada uno hace lo que se le viene en gana?… A su agencia de cooperación internacional?… Básicamente la reunión de coordinación es una manera de poder salir de la oficina y ver a otras “personas”, o sea a otra gente como ellos, con quienes hablar ese particular lenguaje: el “proyectegio”, lenguaje desarrollado por el mundo de cooperación para el desarrollo, en el cual, cada quien habla como si estuviera leyendo un informe. Es ese idioma que para decir “yo construí un centro de salud”, se dice: “luego de un diagnóstico participativo en el cual se establecieron los ejes de desarrollo de la comunidad, se identificó como prioridad el construir un centro comunitario multi-funcional con el fin de maximizar y racionalizar el uso de los insumos destinados a la cobertura en salud”. Lo interesante de este lenguaje es que es como el Esperanto: combina todos los otros idiomas del mundo, de manera que cualquiera puede ser usado para hablar en este nuevo slang.
Y bueno, nosotros también hicimos nuestro trabajo de supervisión y fuimos a nuestra oficina. Ahí nos esperaba el agente local, un ingeniero local, o sea de Sudan, que básicamente se estaba sacrificando en ese lugar por el sueldo que le pagamos que es 4 o 5 veces superior al que ganaría trabajando para una empresa nacional. Desde luego insistió en que fuéramos a ver los proyectos y que los documentáramos: así que fuimos a ver el centro de computación y zas!, foto, la bomba de agua y zaz! foto, el pozo séptico comunitario y zas!, foto. Claro, yo, de repente le tomaba fotos a la gente, a las casas, a esas hermosas mujeres con sus telas súper coloridas, a esos hombres altos y esbeltos frente a sus chozas, y la verdad es que el ingeniero me miraba con cara de para-que-pierde-tiempo-fotografiando- esas-huevadas…
Luego con gran orgullo nos llevo a una visita al centro de cómputos: el Telecentro local. Ahí, una hindú jovencita, que podría haber salido del Campus del MIT en Boston, nos habló en “proyectegio” para contarnos como ellos apoyaban la construcción de una sociedad mas democrática por medio de la capacitación en TICs (tecnologías de información y comunicación digitales) a los diferentes estratos de la sociedad civil. Eso, traducido al español, quiere decir nada más que daban cursos de computación a la gente de por ahí. “¿Y a que gente?”, le pregunto. “A empleados de gobierno”, me responde ella. “¿A quienes?”, le vuelvo a preguntar. “A los que trabajan en la oficina del comisionado”. “¿Y que les enseñan?”, pregunto una vez más. “Word, spreadsheets en Excel, que les encanta porque ahora pueden hacer sus informes en Excel”. “¡Ah, que bien!…” Me encantaría ir a visitarlos para ver como les va… Pero es que no están, porque el comisionado anda fuera de la ciudad. Pero, a ver lo equipos por lo menos… Bueno, es que computadores todavía no han llegado, no hay presupuesto para su adquisición…
Así, mientras nos encaminábamos en la 4X4 y en lo que nuestro ingeniero local llamo “The NGO Road”, porque en ese camino están las oficinas de todas las agencias de cooperación que trabajan en la ciudad, yo me hacia la siguiente reflexió: he aquí un pueblo de mierda convertido ahora en ciudad, capital de una administración que nunca esta ahí, con helicóptero propio pero que no lo puede usar nadie, con un tanque quemado y desarmado en medio de un potrero que hace las veces de parque principal, con Wi Fi y Vsats, sin agua potable pero con alimentos regalados por el PMA, en medio de una tierra preciosa y exuberante pero que nadie cultiva (¿para qué si la comida cae del cielo?), y donde la gente, me imagino que para entretenerse, se dedica al pequeño comercio, no se de que, con su vecinos de Etiopia, a 300 metros de ahí, al otro extremo de la calle principal.
Finalmente, llegamos al último destino de este tour para ver la obras de desarrollo: la nueva bomba de agua, o como se llame esa cosa, ese un grifo con una palanca que se sube y se baja para sacar agua. Bueno, ahí estaba, en medio de un potrero, con algunas chozas alrededor, unos patos que se salpicaban en la charca recién creada por el agua que ahora surgía de ese tubo de metal…Y, por supuesto, con toda la población, unas 50 personas, sentadas bajo la sombra de un hermoso árbol esperando a por la inauguración. Tenían cara de estar ahí desde hace un buen rato, pero sucedían dos cosas: la primera, que el grifo ese no se podía inaugurar aún porque no encontraban el sticker de la agencia donante, para la foto que irá en el informe; la segunda, que el jovencito, el jefe de proyecto local, estaba demorado porque tenia una conferencia telefónica con la oficina central, en algún país europeo.
Así que ahí estaba la gente, sentada, esperando, con cara de inauguración, con sus ropas coloridas, con alguien que tocaba el tambor, ensayando la cancioncita que tocaría en la inauguración, mientras un par de animadores locales, una chica con una camiseta que decía “use letrinas” y otra con alguna otra frase “concientizadora” se paseaban, haciendo amistad con todos, como una manera, me imagino, de desempeñar su labor de animación socio-cultural. Hacia mucho calor, y quien sabe cuando el irlandecito ese, el de la conferencia telefónica se iría a desocupar, y teníamos que tomar el avión de regreso antes que la lluvia que comienza a las tres de la tarde y que nos anclaría en ese lugar. Así que, emprendimos el camino de regreso.
Salimos por la NGO road, hasta llegar al camino principal. Doblamos a la izquierda y luego de pasar por las enormes carpas-depósitos del PMA y las del PNUD, entramos nuevamente en la carretera a Domesin que nos llevaría al aeropuerto. Ahí, en el lapso de una hora, en la que recorrimos los 8 kilómetros de vuelta, pasando por las chozas esas cuyo techo de paja ha sido impermeabilizado enrollando en ellos plásticos que llevan el rotulo de UNICEF, y el chiquito que vende galletas en la carretera donde no transita nadie, y el tractor con acoplado que saldrá a Domesin con su carga que recorrerá los 190 Km. en 4 días, llegamos finalmente al Árbol Terminal, esta vez nacional, del aeropuerto de Kormuk, la capital del Estado del Nilo Azul.
Allí estaba el avión, bien cerrado, bien achicharrado por el sol, esperándonos para retornar. El piloto, acostumbrado a esas andanzas, se dedicó a su rutina: abrir el avión, mirar la pista para ver si no habían animales en ella, patear el suelo par ver si seguía seco, pedirnos que subiéramos rápido porque había que despegar, prender y calendar motores, carretear al final de la pista y comenzar el recorrido sobre esa tierra roja par a ver si nos podíamos elevar.
Todo salio bien y logramos despegar. Afuera todo seguía igual. El Mapa fue tomado de http://www.infoplease.com/atlas/country/sudan.html
Kurmuk,Sudán viernes 26 de Octubre, 2007

29 de octubre de 2007

Hotel California

Acabo de llegar a la ciudad desde donde vamos a tomar la avioneta mañana para ir a ese pueblo remoto. Llegamos al aeropuerto internacional de Lochichongo, una cabaña con techo de zinc y dos letreros: uno que decía imigración en ingles y en shwahili, y el otro: salida de emergencia en caso de incendio, con una flechita que indicaba hacia afuera, aunque era dificil saber a que afuera, porque en esa choza TODO era afuera. Pero en caso de incendio, me imagino que nunca se sabe, no?
El taxi nos llevó por una calle de tierra, digo de barro porque había llovido hacía dos dias. Cruzamos primero unas chozas de barro con techos de paja, exactamente iguales a la choza donde nacieron Adrien y Kunti* y me entero que ahi es el Villorrio original. Delante de las chozas, unos negritos como los de las peliculas, altos, flacos y con esos collares redondos y multicolores alrededor del cuello como platos coloridos.
Seguimos y entramos en la "cuidad" propiamente tal. En realidad es un pueblo de mierda. El Villorrio fue transformado en una base desde donde las agencias internacionales han operado para el sur de Sudan, con sus millones en comida y todas las otras pendejadas que normalmente hacen. El aeropuerto es una gran base del programa mundial de alimentos, y hay un enorme campamento de las NNUU. El resto son casuchas de tabla y techos de hojalata con nombres pretenciosos como "resturant Acapoloco", "peluqueria Paria", etc., etc., lo de siempre.
Pasamos el pueblo en 2 minutos y seguimos por la trocha. Es facil hacer calles porque toda la zona es semi-arida, (perdon pero tengo que sacar a esta hormiguita que se pasea por la pantalla de la compu), asi que por donde pase el carro ya, tenemos una trocha. Es semi-arido con arbustos bajos.
Y llegamos al hotel, creo que se llama California, la verdad es que no me fije bien. Es un lindo hotel como de campo. No es edificio sino que a lo lejos se ven como chalecitos. La recepcion in patio techado (nosotros le llamamos pergola, creo), como esos techados en los clubes de campo donde esta el comedor? Bueno, eso. Ahí nos reciben dos niñas, negritas, lindas, y mientras nos chequeamos nos traen una toalla fria empapada en algo asi como eucaliptus (si, aqui tambien hay) y un vaso de jugo de mango. De ahí vienen lo que ellas llamaron "portadoras", se hechan las maletas al hombro y nos internamos en un camino de piedrecillas en medio de un bosquecito de eucaliptus para llegar a la suite H3. La suite es UNA CARPA!!, con su porchecito todo bonito, una mesita de metal y un banquito desde donde escribo, y detras una construccion de piedra sin techo que es donde esta el baño.
Asi que aqui me instalé en la carpa. Samon, mi colega, en la del lado con su cama, su ventilador y su frasco de raid (que suerte que a los mosquitos aqui los mate la misma compañía que allá, (mosquitos del mundo unios y boicoteemos a Raid!!) y un termo de agua. De ahi me voy a la recepcion para que me seteen mi laptop para la red local WI FI y, heme aqui, comodamente instalado en el porche de mi suite, escribiendo, escuchando a proyecto Gotan, mientras las hormiguitas se pasean por mi walkman y la compu, y tomando agua de mi termo de agua. Y, como yo soy un muchacho precavido, me traje una caja de carton en el avion llena de fruta y yogurs que se han transformado en mi dieta cotidiana desde que estoy aqui.
Si esto no es globalizacion, entonces no se que será. ¿No te parece? Y decir que recien mañana salimos al verdadero mundo perdido de Tarzan...
En el aeropuerto internacional nos estaba esperando el piloto de la avioneta (yo hubiera pensado que saláamos del aeropuerto nacional (!?), bueno, claro, como es vuelo internacional ya que Sudan esta a 500 Km de aquí...ahora entiendo. Nos vino a recibir el piloto, dueño y gerente de la compañía de chartes (lo menos que puede hacer cuando nos va a cobrar U$S 7,000 por el dia de alquiler, para eso sirve la plata del tio Sam), para decirnos que manhana nos espera a las 6 AM para salir a las 6:30. Le desee buena noche y que duerma bien...porque es super importante (por lo menos para mí) que duerma super bien, ¿No te parece?
Y aqui estoy, preparandome para salir mañana a la verdadera aventura. Esto es hollywood comparado con lo que viene. Ademas, llevamos 4 cajas de agua porque se les acabo el agua a la gente de la oficina en ese pueblo y no quieren tomar la del pozo que toma la gente, porque les da de todo, siendo lo menos grave, disenteria.
Miro todo esto y me digo cosas. Primero, mierda! asi que aqui es a donde viene a parar la plata del desarrollo. Se me olvidó contarte que si quieres hacer un catalogo comprensivo de las ONGs internacionales, venite a Lokichongo. Aquí estan todas, unas a lado de las otras, con sus cartelitos... Otro detalle gracioso. En el "aeropuerto", al lado de la entrada de la choza (lo que en chileno se llamaría una media agua, o sea las que hay en las poblaciones callampas), hay un buzoncito, muy lindo, el todo pintadito de rojo que dice: por favor deposite aqui su contribucion para la cruz roja. (!!!) ¿Será el plan de sustentabilidad local de la cruz roja? ¿Será que asi consiguen que los otros donantes compartan algo de sus fondos?
Este pueblo fantasma, pero viviendo así desde la edad de piedra, subitamente fue transformado por la asistencia humanitaria, que permite asisitir a todos esos gringuitos a sus familias y allegados con ganas de aventura, humanitariamente. Cuando veo el Villorrio original, lo menos que puedo pensar es: "¿Por qué mierda vinimos a desarrollarlos?" Yo se que esa misma pregunta nos la hacemos en nuestro mundo. Pero es que aqui, REALMENTE, la pregunta adquiere un sentido total y dramaticamente diferente. No digo que no hayan cosas que puedan ser utiles, pero seria maravilloso ponerlas en contexto. Creo, definitivamente, que se vive mejor en el caserio que en el prueblo de mierda...a menos que tengas los U$S 150 diarios que debe cobrar este hotel (a lo mejor las suites sean aún más caras...).
Esa fue mi lucha durante los casi 30 años que ando en esta mierda, y se que la he perdido aunque aun trato, denodadamente, de rescatar las ultimas cositas que pueda, como para poder dormir en paz sin necesidad de hecharme encima media botella de wisky (que es lo quem me imagino, están haciendo todos los huespedes del hotel en este momento).
Si, son pobres (aunque, ¿qué es realmente ser pobres?) y a lo mejor no son felices. Pero lo que les hemos traido los hace globalmente pobres y desagradecidos porque aun no logran ser felices a pesar de todo lo que les hemos traido. Que la zona es semi arida...¿y que? Vivieron así desde hace miles de años y nunca se dieron cuenta que eran pobres e infelices. Ahora que les hacemos caer en cuenta que eran pobres e infelices, se hacen ladrones, borrachos y mentirosos.
La verdad es que si no fuera por este cordón de plata me permite ponerme en contacto con el mundo exterior, el CD del proyecto Gotan y mi termo de agua (ademas del yogurt y los mangos deliciosos que me esperan), estaria apoyando la cabeza contra un árbol y vomitando. ¡¡Que asco!! Esto me reafirma más aún que la salida no esta en el desarrollo exterior, sino en el desarrollo interior. Volver a eso, deseando que todos los demas, en el mundo que ha creado el desarrollo, terminen por envenenarse con sus comidas light, sus atmosferas poluidas y su agua artificialmente purificada de todo quimico.
No se si mañana podre escribir. ¿Será que hay Wi Fi allá donde tarzan perdió el taparrabos?
Lochichongo, Sudán martes 23 de octubre, 2007